lunes 2 de junio de 2008

En Japon


Japon es increible. Es una gran maquina con 120 millones de pequenos robots, que transitan cual si fueran automatas por al lado de uno, callados, con la mirada fija en sus celulares. Todo el ensamble funciona a la perfeccion, principalmente debido al poder que tienen las normas en este pais. Los japoneses son personas muy correctas, ordenadas y respetuosas, y se conducen normativamente por la vida, sobre cimientos de solidas e inflexibles convicciones (lo que explica el camino belico que ha transitado en varias oportunidades). La armonia es el resultado de esta filosofia nipona. Es realmente asombroso observarlos. Ya de entrada, recien llegados a la terminal de trenes, entendimos de lo que se trataba Japon: el metro llega 11:57, ni un minuto antes, ni uno despues; no existen practicamente controles sobre el pasaje de personas por el metro, por lo que uno puede transitar sin que le cobren, y sin embargo no existe un solo japones que lo intente... solo uruguayos. Son sumamente serviciales y prueba de esto es por ejemplo que aunque esten corriendo para llegar al trabajo, si tu le pedis ayuda se frenan, y te explican hasta que entiendas, sacrificando todo lo que tienen que hacer solo para ayudarte.
En la foto estamos con Manu con un tapabocas, muy de moda entre los japoneses para protegerse de las impurezas del aire, por lo que decidimos empezar a mimetizarnos con ellos.


Siguiendo con este proceso, comence a aprender el idioma. La verdad es que resulto ser muy divertido. Es muy complejo al igual que el chino, ya que la fonetica juega un papel relevante. Una misma palabra puede tener varias acepciones segun el tono que se le ponga. Luego de aprender lo basico para encarar una pequena charla, tome coraje y me mande a hablar con el primer japones que encontre. Era de noche, y paseabamos con Manu y Flo por la ciudad. Me le acerque y le empece a hablar. Y el pibe me miraba como a un loco que decia incoherencias, una tras otra. Y lo peor es que me tenia fe por lo que no desistia en el intento de darme a entender. Empece a combinar acentos por si los habia metido mal, pero ya estaba desahuciado. Fue entonces cuando por fin comenzo la replica. "Corea, Corea", empezo a decir. Resulta que el personaje era coreano y no entendia ni una gota de lo que le estaba diciendo. De 120 millones de japoneses que transitan, me toco el unico coreano- y realmente estos se parecen a los japoneses-.


Hablando de las similitudes, aprendimos que chinos, japoneses, coreanos, vietnamitas y camboyanos (estos ultimos tomados como un combo ya que tienen tanta diferencia como un argentino de un uruguayo) son sensiblemente diferentes entre ellos. Desde el primer dia en Japon, todos eran chinos para nosotros. "Mira el chino ese", "estos chinos son unos fenomenos" se escuchaba. Por suerte todo cambio al llegar a China... ahora el comentario era la cantidad de ponjas que habia en ese pais. Otra prueba que el uruguayo es un bicho raro que nunca no logra adaptarse.